El jueves 30 de octubre de 2025 Kristi Noem, en su rol como Secretaria de Seguridad Nacional (DHS), durante una entrevista en Fox News rechazó explícitamente una solicitud del gobernador de Illinois, JB Pritzker, para pausar las operaciones de ICE durante el fin de semana de Halloween, afirmando que los agentes estarían «en plena fuerza» y que incluso aumentarían sus actividades para «asegurar que los niños estén seguros».
Cuento de bruja
La orden llegó al atardecer, firmada por Kristi Noem en una hoja de papel gubernamental que olía a tinta fresca y a café frío: “Operativo Dulce o Truco – Willow Creek, 31 de octubre. ICE acompañará a los menores en todo el recorrido”. Nadie entendió por qué la gobernadora había elegido esa noche, ni por qué había elegido ese pueblo. Solo supieron que, a las 6:30 p.m., los agentes ya estaban en las aceras, chalecos negros sobre camisas blancas, linternas apagadas pero listas.
La noche del 31 de octubre cayó sobre Willow Creek como una manta de niebla densa y helada. Las calabazas encendidas parpadeaban en los porches, y los niños —vestidos de fantasmas, brujas y superhéroes— corrían de puerta en puerta con sus bolsas de plástico crujiente. “¡Dulce o truco!”, gritaban, riendo bajo máscaras de goma. Pero este año, cada grupo llevaba una sombra adicional: un agente del ICE caminando dos pasos atrás, silencioso, anotando nombres en una tablet que brillaba azul en la oscuridad.
Los niños no lo entendían. Algunos los miraban con curiosidad, otros con miedo. “¿También piden dulces?”, preguntó una niña disfrazada de vampiro, su capa roja manchada de jugo de manzana. El agente no respondió. Solo apuntó su linterna hacia la casa siguiente.
En la calle Maple, una madre abrió la puerta con una sonrisa. “¡Qué lindo grupo!”, dijo, ofreciendo un puñado de caramelos. El agente detrás del último niño dio un paso al frente. “¿María López?”. La sonrisa se congeló. La bolsa de dulces cayó al suelo. Los niños se quedaron quietos, viendo cómo la mujer retrocedía, cómo sus propios hijos —sus verdaderos hijos— corrían hacia ella desde el interior, gritando “¡Mamá!”.
No hubo dulces esa vez.
En la siguiente cuadra, un padre disfrazado de Frankenstein cargaba a su hijo pequeño en hombros. “¡Dulce o truco!”, gritó el niño, agitando su varita de plástico. El agente se acercó. “¿José Ramírez?”. El padre bajó al niño lentamente. Sus manos temblaban. “Es solo una noche…”, murmuró. El agente lo esposó frente a la puerta abierta, mientras la vecina, con su tazón de chocolates, se quedaba paralizada en el umbral.
Los niños seguían caminando. Algunos lloraban. Otros, en shock, repetían mecánicamente: “Dulce o truco”. Pero ya no era un juego. Cada agente llevaba la orden impresa en el bolsillo: “Prioridad: padres sin papeles. Secundario: testigos menores”.
A las 11:47 p.m., la niebla se tragó las últimas luces de las casas. Solo quedaban las linternas de los agentes, moviéndose como ojos de depredadores entre las calabazas apagadas. Un niño, solo, con su bolsa medio vacía, se detuvo frente a una puerta cerrada. Golpeó. Nadie abrió. Detrás de él, el agente susurró: “Sigue caminando”.
El niño no siguió,
Porque esta noche, el verdadero truco🎃
no era pedir dulces.🥶
Era sobrevivir a la orden de Kristi Noem. 🧙♀️🧹

