Christian Bach: la abogada argentina que a los 19 rechazó ser Marilyn Monroe
Enamorada de México cruzó el continente y se atrevió a producir cuando casi ninguna estrella lo hacía
Por: Cristina Vargas V.
Después de titularse de abogada, para grabar Verónica. aterrizó antes de su cumpleaños en México, tenía 19 años y ahí se quedó. Ella misma dijo que México fue “amor a primera vista” y que sus padres liquidaron los contratos que había dejado firmados en Argentina para que no regresara.
Adela Christian Bach Bottino nació el 9 de mayo de 1959 en Buenos Aires. Hija única. En sus venas había sangre alemana, italiana y rusa. Su madre, Adela Adamowa, fue primera bailarina del Teatro Colón y llegó a pisar la Ópera de París y La Scala de Milán. Su abuela materna, rusa, había bailado en el Bolshoi. En esa casa se respiraba disciplina de barra, idiomas y escenario. Christian estudió ballet desde los cuatro años, jazz, actuación… y también Derecho en la Universidad de Buenos Aires. Jugó voleibol en la selección juvenil argentina. Ella misma lo resumió con una frase que parece de personaje: “Mi problema no fue qué iba a hacer, sino qué iba a dejar de hacer en la vida”.
Hay un número que se le pega a la biografía. Nació un 9. El año era 1959. Cuando Valentín Pimstein la descubrió tenía 19. Llegó a México en 1979. Murió a los 59, en 2019. El 9 de mayo de ese mismo año habría cumplido 60. No hace falta inventar un misterio: el 9 simplemente marca el calendario de su vida.
Datos personales
Su nombre completo era Adela Christian Bach Bottino nació el 9 de mayo en Buenos Aires, Argentina, se naturalizó mexicana después de su llegada en 1979, siete años después contrajo matrimonio con el actor y productor Humberto Zurita en 1986.
Christian Bach tenía una estatura de 1.73 mts., estudió ballet, inglés, francés, alemán, actuación y abogacía.
Debutó a los 17, en 1976, en la segunda versión de El amor tiene cara de mujer, mientras cursaba leyes. En 1977 hizo cine con Palito Ortega (Brigada en acción). En 1978 estaba en La mujer frente al amor y Te sigo queriendo, Ana. Ella misma lo contó años después: llevaba cinco años de carrera, vivía con sus padres, tenía “importantes contratos de trabajo” y era “de las actrices jóvenes más importantes”. Hasta había firmado, según su testimonio, para filmar tres películas de Los Ángeles de Charlie y una obra en Mar del Plata. No huía de un fracaso. Se iba con agenda llena.
Ese mismo 1978, con 18 o 19 años, la vio el productor chileno Valentín Pimstein. Abel Santa Cruz la había recomendado. Pimstein le ofreció el protagónico de Viviana. No pudo: le quedaba año y medio de contrato en Argentina. El productor insistió en que se oscureciera el cabello. Después le ofrecieron Muñeca rota, inspirada en Marilyn Monroe. La respuesta de la rubia quedó registrada: “Si me conocieran en México sería fantástico, pero si voy a ser otra güera más imitando a Marilyn, ¡qué flojera!”.
Al año siguiente Pimstein cambió de estrategia: novelas cortas de 20 capítulos.
“¿Por qué no vienes?”. Ella contestó: “¡Maravilloso!”. Llegó a México en 1979, a los 19 o 20 años, recién titulada de abogada, para hacer de la “niña mala” María Teresa en Verónica, junto a Julissa y Ricardo Blume. Después, participaciones en Los ricos también lloran y Colorina. En cine y teatro le doblaron la voz más de una vez para disimular el acento argentino. El país que la iba a consagrar primero le pidió que sonara menos porteña.
Dijo que México fue “amor a primera vista”. La lógica era cumplir el contrato de tres años y regresar. Les habló a sus padres; ellos se hicieron cargo de los compromisos que había dejado firmados en Buenos Aires. Se quedó. Quiso que ese país fuera el hogar de los hijos que todavía no tenía.
Antes de Zurita
En Argentina su pareja documentada fue Carlos Andrés Calvo, “Carlín”, actor y comediante, hacia 1978-1979, justo en el tramo en que Pimstein la cortejaba para Televisa. En México, cuando coincidió con Humberto Zurita en Soledad (1980), los dos tenían pareja.
Ella salía con un joven empresario judío; algunas versiones mencionan también a Alejandro Camacho. Él estaba con la actriz Rebecca Jones. Los cuatro llegaron a salir juntos. Zurita lo resumió así: ella dejó de tener pareja; medio año después él también; “y ahí el destino cambió mi vida”. Lo insólito del cuadrado: cuando Bach y Zurita se juntaron, Camacho y Rebecca Jones formaron pareja.
Zurita la había visto antes en una Tele-Guía, de gira con Ana Martín: “Mira lo que me trajeron”. La amistad empezó con un pacto para dejar de fumar. El romance tardó. El 3 de febrero de 1986 se casaron en la iglesia de San Agustín, en Polanco, un lunes, porque era el único día libre de las grabaciones de De pura sangre. La boda se transmitió por televisión. El padrino fue Ernesto Alonso, que le regaló a Christian el vestido que ella misma había usado en Bodas de odio. La petición de matrimonio no fue en un restaurante: saliendo de grabar en Televisa San Ángel, de coche a coche en el Periférico, él le gritó si quería casarse. Ella aceleró, lo esperó en el siguiente semáforo y le dijo: “Sí, nene, pero párate y pídemelo bien”.
La carrera de Christian Bach no se conformó con ser “el rostro bello» El gran salto frente a cámara fue Bodas de odio (1983), con Ernesto Alonso. Magdalena Mendoza —mujer atrapada entre un amor imposible, la familia y un matrimonio impuesto— le valió el TVyNovelas a Mejor Actriz Protagónica. Esa historia, años después, alimentaría Amor real. Luego De pura sangre (junto a Zurita; la novela tocó impotencia, misoginia y una escena de cama filmada a puerta cerrada que en su momento fue escándalo), Encadenados (otro TVyNovelas) y Atrapada.
Lo insólito no fue solo interpretar. Junto con Zurita fundó ZUBA Producciones —las primeras sílabas de sus apellidos— y dejó Televisa para irse a la entonces joven TV Azteca. Allí produjo y protagonizó La chacala (1997-1998): no un melodrama rosa, sino brujería, maldición y posesión. Christian interpretó a Delia, a las gemelas Gilda y Liliana… y a la entidad demoníaca conocida como La Chacala. Cuatro rostros en la misma historia. Después Azul tequila, que impulsó a Bárbara Mori y Mauricio Ochmann. Cañaveral de pasiones, con su sello de productora, se volvió uno de los éxitos de mediados de los noventa.
En 2002 llegó el choque. Agua y aceite, que ellos mismos producían y protagonizaban, trataba corrupción, violencia de género, abuso, manipulación de medios y un personaje lésbico. TV Azteca pidió recortar. Ellos se negaron. La novela se “levantó” a mes y medio de transmisión. Bach insistió después: no fue por rating; tenían alrededor de 12 puntos. Prefirieron cortar la historia a que les amputaran personajes. Hoy esa telenovela es, en la práctica, lost media: apenas circulan fragmentos. El contrato de ZUBA con Azteca se acabó. Christian se fue a Miami con Sebastián, que quería perfeccionar el inglés.
Regresó a la pantalla como antagonista: Vidas robadas (2010), Antonia Guerra en La patrona (2013) —una de las villanas más recordadas de su etapa final— y La impostora (2014), donde compartió créditos con su hijo Sebastián. Fue su último trabajo televisivo.
A su muerte, Fue mencionada en Argentina su país natal
El 1 de marzo de 2019, Diario Popular tituló: “Murió Christian Bach, la abogada argentina que se convirtió en estrella de telenovelas en México”. Infobae y agencias internacionales la identificaron como argentina de nacimiento y mexicana de carrera. No fue el adiós de una vedette porteña que nunca se fue; fue el de una hija del país que hizo fortuna de imagen en otro idioma televisivo. En México el golpe fue más hondo: Televisa, Azteca, colegas, el público que la había visto de Magdalena a villana.
Los últimos años se encerró. Circuló de todo: una vértebra que “mordía” un nervio, rumores de una enfermedad degenerativa, silencio. El 26 de febrero de 2019 murió a los 59 años. El lugar que confirman las biografías más cuidadosas es Los Ángeles. El comunicado familiar habló de paro respiratorio y de la voluntad de guardar lo personal fuera de los reflectores. En 2023 Humberto Zurita dijo en una entrevista que “ella agarró un cáncer”, y se negó a contar el proceso: “Eso se queda con ella, así lo quiso”.
Christian Bach no fue solo una de las rubias elegantes de la telenovela mexicana. Fue una extranjera que primero, trabajó sobre su acento, una abogada que no ejerció, decidió cambiar de planes, una hija de dinastía de ballet que a los 19 rechazó disfrazarse de Marilyn, una actriz que se atrevió a producir cuando eso todavía era territorio de hombres, hermosa y fina que destacaba por sus «looks» extrovertidos, su cabellera con peinados modernos que muy pocas se atreverían.
Perseguida por el 9
Nació un 9, cruzó el continente a los 19, llegó en 1979 y se fue a los 59, en 2019. Su primer hijo, Sebastián Zurita nació cuando ella tenía 27 años, 2+7=9, su segundo hijo, Emiliano Zurita nació el 29 de octubre de 1993. Bach Realizó más de veinte telenovelas, cine, teatro y empresa. Y cuando murió, lo hizo como había vivido la última parte de su vida: sin dar explicaciones de más.
“Siempre fue su voluntad guardar los asuntos personales y familiares en intimidad absoluta, para así poder llevar una vida normal, paralela a nuestra profesión”.
Humberto Zurita
A varios años de su muerte, Christian Bach sigue siendo una de las figuras que mejor explican cómo la telenovela mexicana dejó de ser solo un oficio de protagonistas y se volvió también un oficio de decisiones
