El crímen de Atizapán de Zaragoza, el inicio y la historia real.
El crímen que conmocionó a México tuvo tres versiones, el mismo horror.
Por: Cristina Vargas V.
El multihomicidio perpetrado en Lomas Esmeralda, Atizapan de Zaragogza Estado de México, en el que un hombre de orígen argentino habría asesinado a una familia completa, se condujo a 9 días de espectación, sosobra y enojo en todo México, este fue contado minuto a minuto por todos los medios de comunicación, todos aportando nuevos datos que otorgaron diferentes narrativas, algunas, desde la modificada declaración de su protagonista principal «el asesino», pero con un común denominador: El desgarrador final en todos los escenarios. El noveno día, la Fiscalía del Estado de México compartió los hechos reales, de los que aún quedan muchas interrogantes.
El 9 de septiembre de 2026, en los juzgados del Penal de Barrientos, en Tlalnepantla, una audiencia de más de ocho horas, terminó con una jueza de control vinculando a proceso a Diego Sebastián “N” (Rosen Ferlini) y a Gerardo “N” por homicidio calificado cometido contra dos o más personas, interrupción del embarazo y maltrato o crueldad contra seres sintientes. Quedaron en prisión preventiva. El Ministerio Público pidió seis meses de investigación complementaria; la jueza concedió cuatro, hasta el 9 de enero de 2027.
Al salir, el abogado Rodrigo Pastrana emitió un comunicado que retrató a su cliente como alguien que “perdió la cabeza”: alucinaciones, idea errada de la realidad, “fuera de sí”. Agregó que había recibido golpes y, según su dicho, tortura desde hacía más de seis días, y que esos golpes “también lo están dejando loco”. Dijo que defenderlo en ese estado era “como querer defender a un mueble”. El despacho adelantó que casi con certeza abandonaría el caso. La vinculación no es sentencia: ambos se presumen inocentes hasta que un tribunal resuelva de acuerdo a las leyes en México.
Lo que sigue no es una sola historia. Es cómo se contó el mismo crimen en tres capas distintas.
Luis Rodríguez asesor legal de la familia de «HONAS» (Jonathan Samuel Meléndez vocalista del grupo «Camilo Séptimo) y Aleyda Romero dijo que en audiencia solicitó a la jueza del PJEdomex intervención de autoridades federales para realizar el análisis de telefonía y cuentas bancarias de Diego «N» para ver si hay coparticipación y complicidad de su esposa Pola Mandri pues asegura a ella se le tranfirieron 30 millones en bitcoins, asegura, ella también estuvo involucrada en los hechos de Atizapan y solicitará a la Fiscalia Edomex orden de aprehensión en su contra y extradición para que sea ingresada al penal de Barrientos en Tlalnepantla, Estado de México.
En la etapa de investigación complementaria podrían añadir si el pequeño que sobrevivió reconozca a Diego N, según diligencias.
Primera versión: el primer día y el “story time” de los 300 mil pesos.
El hallazgo se conoció la noche del 1 de septiembre y se difundió con fuerza el 2 en el penthouse del fraccionamiento Grand Viure, Bosque de Amates, Zona Esmeralda, Atizapán de Zaragoza, aparecieron sin vida Jonathan Samuel Meléndez Ochoa, de 38 años, tecladista y cofundador de Camilo Séptimo; su esposa Ana Paula Barragán, de 35, embarazada de unos cuatro meses; su hija Sofía, de tres; y Aleyda Romero, de 21, trabajadora del hogar. Un niño de seis años, hijo de la pareja, estaba vivo. En esa primera oleada mediática casi no se hablaba de dos perritas. A lo sumo se mencionaba “la mascota” o “el perro de la familia”, sin nombre, sin raza, sin el dato de que Nala y Mila existían las dos.
El relato que corrió como “story time” en noticieros y redes era corto y lineal. Diego Sebastián no era un extraño: socio de Jonathan en negocios de hospedaje y rentas (Nomad / Nomad Adventures). Había una deuda o un préstamo de 300 mil pesos. Él llegó primero. Ana Paula le abrió la puerta. Entró como alguien de confianza. La amenazó. Esperó sentado a que Jonathan regresara de jugar pádel. Cuando el músico llegó, discutieron por esos 300 mil. “Las cosas se salieron de control”. Mató a Jonathan, luego a quien quedaba para no dejar testigos. El chofer, Gerardo, esperaba abajo en un Kia gris. Salieron y pocas horas después fueron capturados.
En esa versión no hay videollamada, no hay caja fría, no hay bitcoins, no hay cinchos pedidos el día anterior, no hay silenciador desarmado y tirado a una barranca, no hay tacos después del crimen. Tampoco hay esposa en España ni carta de naturalización. El móvil cabe en una cifra redonda: trescientos mil pesos. Ana Paula abre. Las perritas no existen en los textos.
La captura se anunció como operación conjunta: Gerardo primero, Diego después. Los nombres circulaban ya el 2 de septiembre. El resto, el minuto a minuto, el arma, el niño escondido que sobrevivió bajo la cama por indicación de Aleyda, el nomre de Paola Mandri, las 32 casas, el folio de 200: todavía no formaba parte del relato masivo.
Segunda versión: el relato se agranda (videollamada, cripto, España, naturalización)
En 48 a 72 horas el mismo caso cambió de escala. Los 300 mil pesos no desaparecieron: se convirtieron en la primera capa de una declaración atribuida a Diego. Después, periodistas como Carlos Jiménez reportaron que el detenido habría dicho que iba por dólares y por unos 30 millones de pesos en bitcoins, o por una “caja fría” con “cantidades millonarias de dólares en bitcoins”. “Las cosas se salieron de control” se quedó, pero el botín ya no era un préstamo chico. La Fiscalía mexiquense sostuvo que los investigados creían que en el departamento había esa caja y que Diego le prometió a Gerardo 2 millones de pesos “por la ayuda”.
Apareció la videollamada en el “story time”: Diego ya dentro, la familia sometida, llamada o presión a Jonathan para que acudiera y entregara la memoria o el acceso a las criptomonedas. En paralelo, Ana Paula no solo “abre la puerta”: a las 17:54 escribe o llama para avisar que Sebastián ya lleva rato esperando. Jonathan está en la cancha de pádel. Le dicen que lo espere. El músico avisa a un amigo: Freddy Núñez, (en varias crónicas), que si no contesta pida ayuda. Esa advertencia se vuelve el hilo dramático del segundo relato.
Circula información de la mascota, pero todavía a medias. Se habla de Nala, golden retriever de un año, hallada en un baño del primer nivel, con el hocico tapado con cinta industrial gris, disparo en la cabeza. Se dice que Diego pidió que la amarraran “porque andaba muy nerviosa” y que fue la primera en morir para que no alertara. Mila, la border collie, empieza a mencionarse como la segunda perrita que no estaba o cuyo paradero se desconoce. El primer día no existían; ahora hay dos nombres y un cargo por crueldad animal.
El 3 de septiembre entra Paola Mandri Figueroa. Hasta entonces no estaba en la narrativa. Antonio Nieto la nombra como esposa y socia: se había ido a España. El primer titular de esa mañana es que huyó después de la masacre. Esa misma tarde, en Radio Fórmula y con Aristegui, Nieto corrige: la salida fue antes del 1 de septiembre; dijo que aduanas y la Fiscalía lo veían en registros migratorios. Univisión recogió la misma línea. La FGJEM no lo ha puesto en un boletín propio. Paola no está imputada en el homicidio; no hay orden pública de aprehensión. La versión que se queda es esta: cuando Diego sube al elevador a las 17:23, ella ya no estaba en el continente.
Ese mismo 3 de septiembre explota el mapa de propiedades compartidas. No era solo el matrimonio. En marzo de 2018 Diego y Paola constituyeron Fifty Fifty Total Production, S.A. de C.V. (folio N-2018021605). Antes y en paralelo: Shark BTL, Cloud BTL, +Relax y luego Nomad P.M. / Nomad Property México, con el lema de “escapes extraordinarios” en Valle de Bravo, Acapulco, Cuernavaca y Tepoztlán. Víctimas dijeron que Paola mandaba audios a los grupos: “todo está perfecto”. El 21 de julio de 2026, en Facebook, una denunciante habló de unos 500 mil pesos por una casa en Valle de Bravo que nunca se ocupó. Otra familia relató 400 mil por una villa en Acapulco: pagaron y las bloquearon un día antes. Se habló de más de once afectados. La web de Nomad aparece caída el 2 de septiembre, un día después de los homicidios. Con Jonathan el esquema era otro: en Valle de Bravo, Meléndez y Rosen habrían administrado juntos unas 32 propiedades, de 7 mil a 50 mil pesos la noche, se menciona una ganancia de 2 a 3 millones de pesos mensuales dentro de su sociedad. Esa es la que el día uno se había reducido a “300 mil de préstamo”.
También el 3 de septiembre surge por primera vez la carta de naturalización. No el 1 ni el 2. Fue una constancia de CURP fechada el 3 de septiembre de 2026. En redes se leyó al revés: parecía que Diego se había hecho mexicano el día del crimen o al día siguiente. Esa misma tarde sale la corrección. En consultas de RENAPO el documento probatorio dice carta de naturalización, año de registro 2001, folio 03193: mexicano nacido en el extranjero. Nació el 26 de marzo de 1975 en Buenos Aires. En agosto de 2001, ya con esa carta, armó Ferlini, Rosen y Asociados. Pasaporte mexicano al menos desde 2011. Doble nacionalidad. Por eso desde el operativo se le trató como alto riesgo de fuga. La carta no nace con el homicidio: nace en la prensa el mismo día que Paola en España, y desmiente la naturalización exprés de septiembre de 2026. Llevaba un cuarto de siglo con papeles mexicanos. Ella, según Nieto esa tarde, ya había cruzado el Atlántico.
El 5 de septiembre Jiménez (C4) suma otra pieza: al detenerlo, Diego habría dicho que acababa de mandar 1 bitcoin a su esposa en España y ofreció a los agentes recuperar el equivalente a 1.5 millones de pesos si lo soltaban. Eso no está en un comunicado oficial de la Fiscalía; quedó como dicho periodístico pegado a la detención.
Otros datos del “history time” de esos días: el arma con silenciador; Jonathan amordazado y maniatado en el sofá de la recámara principal; la pequeña Sofía de 3 años recibió un disparo de frente; Aleyda un disparo en la espalda; Ana Paula atada, embarazada igual que su hija un disparo en la frente; el niño de 6 años escondido bajo la cama por Aleyda; Diego contestando a guardias que no podía salir; luego la fuga; cenaron tacos después; una arma desarmada y tirada a una barranca. Gerardo no solo “esperaba”: el lunes 31 de agosto Diego le habría pedido desarmadores, cinchos grandes, guantes negros y cubrebocas. El Kia entra a las 17:23 con placas sobrepuestas.
La segunda versión ya no es una pelea por 300 mil que se desbordó. Es un asalto planeado a un activo digital, con una familia usada como palanca, una socia que según la prensa ya estaba en España, un socio mexicano desde 2001 y un inventario de 32 casas que venía de años atrás.
Tercera versión: la reconstrucción ministerial, las pruebas y el recorrido hasta la captura
La tercera capa es la que la Fiscalía llevó a audiencia: Más de 60 datos de prueba el 5 de septiembre; en la del 9 se habló de decenas y, en un recuento, hasta 70 y la que la jueza consideró suficiente para vincular. No cierra el caso. Lo fija como hipótesis de trabajo con videos, testimonios, peritajes y objetos. En esa mesa también pidieron las víctimas ampliar la pesquisa hacia Paola Mandri e intervenir comunicaciones. Ella sigue sin imputación pública por el multihomicidio.
Cómo sucedió realmente: El 31 de agosto, según la cronología ministerial, Diego pide a Gerardo el kit: desarmador plano, de cruz, cinchos, guantes que cubran tatuajes, cubrebocas, cinta adhesiva industrial. El 1 de septiembre, a las 17:23, un Kia gris entra a Grand Viure. Gerardo maneja; Diego va de copiloto. Un minuto después las cámaras del elevador lo muestran subiendo al penthouse con mochila, gorra, lentes. En ese momento, dentro, están Aleyda y dos mascotas. A las 17:42 llega Ana Paula con los dos niños. A las 17:54 avisa que Sebastián espera. Jonathan sigue en el pádel. Según la línea periodística ya cerrada para entonces, Paola Mandri no está en México.
La Fiscalía sostiene que Diego somete a quien está en la casa. Pide que amaren a la perrita «Nala» porque “está muy nerviosa”. La inmovilizan; le tapan el hocico con la misma cinta gris; le disparan en la cabeza. La encuentran después en un baño del primer nivel. Mila no aparece en el levantamiento. Aleyda, según el relato que se consolidó, manda al niño de seis años debajo de una cama: que no salga pase lo que pase. Amarran a Ana Paula y a Sofía. Disparos en la cabeza a madre e hija. A Aleyda, en la espalda. El arma lleva silenciador.
A las 19:28 Jonathan llega en una Suburban blanca con un amigo (Freddy). Deja el motor encendido. Le dice: espérame aquí abajo; si no contesto, pide ayuda. El amigo nota miedo. Sube solo. Lo esperan. Lo atan, lo amordazan, lo sientan en el sofá de la recámara y le disparan en la cabeza. Hay versiones de que lo obligaron a ver parte de lo ocurrido; eso sigue en disputa narrativa, no es un hecho cerrado en sentencia.
Hacia las 19:41–19:43 Diego reaparece abajo (no hay evidencia de haber bajado por el elevador). El Kia sale. En la caseta, según el testimonio integrado a la carpeta, se niega a la revisión, muestra el arma y amenaza a la guardia y al amigo de Jonathan: que abra la pluma, que si dice que lo vio lo mata “como a tus pinches amigos”. Se van a toda prisa. Después, según la Fiscalía, desarma el arma y la tira a una barranca. Y van por tacos.
Los cuerpos se hallan entrada la noche, cerca de las 23:50–00:40 del 2 de septiembre, cuando el amigo y la vigilancia ya no reciben respuesta y entra la policía municipal. El niño sale ileso. Lo entregan a los abuelos. En audiencia del 9 se dijo que identificó a Diego ante su abuela como “el malo de Sebastián”; aún no declara ante el Ministerio Público por el impacto emocional.
Dónde los capturaron. Tras unas 8 horas 45 minutos de seguimiento con C4/C5: Gerardo en Tecámac; el Kia aparece por ahí. Diego a las 9:25 del 2 de septiembre, carretera México-Toluca, La Marquesa, Ocoyoacac. Lo describen nervioso, con llanto. Quedan en Barrientos. En el relato periodístico de esa detención queda el ofrecimiento del bitcoin enviado a Paola y de los 1.5 millones.
La lista de pruebas (agrupada como se ha reportado, no como inventario secreto de la carpeta): videos del Kia a las 17:23 y de Diego en el elevador; video de la salida y de Jonathan llegando a las 19:28; testimonios de tres guardias, de la vigilante y del amigo que esperó abajo; mensajes de Ana Paula a las 17:54; declaración sobre la frase de Jonathan (“si no contesto, pide ayuda”); hallazgo de cinchos y cinta industrial coincidente con lo pedido el día anterior; posiciones de los cuerpos (Jonathan en el sofá, Nala en el baño, Aleyda de espaldas); dictámenes de balística, criminalística, química y médico legista; cateos y objetos asegurados; presunta confesión inicial sobre 300 mil pesos que luego muta a cripto; oferta de 2 millones a Gerardo; rastreo del Kia hasta Tecámac; detención en La Marquesa; identificación informal del niño; chats y denuncias previas de fraude y amenazas de Diego —Nomad, +Relax, Valle de Bravo, Acapulco, las 32 casas con Jonathan, Fifty Fifty con Paola—; el dato de que 26 días antes un amparo había frenado una orden de aprehensión por fraude; la carta de naturalización de 2001 (no la CURP del 3 de septiembre) que explica la múltiple nacionalidad y el riesgo de fuga. En audiencia se expusieron también videos de Diego subiendo al penthouse y de Gerardo ligado al vehículo. La jueza no reclasificó a feminicidio las muertes de las mujeres, pese a la petición del MP.
Eso es lo que cambió, de punta a punta: de “Ana Paula le abrió y era por 300 mil, sin perritas y sin esposa” a “videollamada, bitcoins, Paola ya en España y una carta de 2001 que al principio se leyó como naturalización del día del crimen” a una cronología de 17:23 a 19:43 con cinta, cinchos, silenciador, Nala amarrada y disparada, amenaza en la caseta, tacos, Tecámac y La Marquesa, más de 60 indicios sobre la mesa de una jueza que, el 9 de septiembre, después de más de ocho horas, dijo que había elementos para procesarlos… mientras su abogado salía a decir que el principal acusado ya no estaba en sus cabales y que lo habían golpeado.
