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La última función de Arnaud Denis “La Eutanasia”

Un día el telón

Por: Cristina Vargas V.

Hay muertes que parecen un accidente del destino. Esta no. Esta parece un tercer acto mal escrito: un hombre de teatro, 43 años, tres nominaciones a los Molière, entra al quirófano por una hernia. Lo que parecía una cirugía rutinaria y común.

Esa operación que en Francia se hace unas 200.000 veces al año y sale a un escenario que ya no es el suyo. El escenario es una cama. El público, urgencias que le dicen “usted no tiene nada”. El final, una inyección en Namur, Bélgica para suicidio asistido.

El 22 de septiembre de 2026, Arnaud Denis se sometió a eutanasia en Bélgica. Horas antes no dejó una carta en un sobre. Dejó un texto largo en Facebook. Después subió el final de Midnight Express y escribió: “Love to all” Y una frase del dibujante Sempé:

“Siempre he perdonado a quienes me ofendieron. Pero tengo la lista”

Esto es el story time. Con fechas. Con lo que él mismo publicó. Sin adornar lo que no está demostrado en un tribunal, su primera querella en París se archivó y sin suavizar lo que él gritó hasta el último post.

Quién era Arnaud antes de que el cuerpo le dijera que no

Actor y director francés. Creó una compañía propia desde joven. Más de veinte años en las tablas. Montó “Las amistades peligrosas y Las mujeres sabias”. Quien lo conoció en el oficio lo describe como alguien que “se comía la vida a dientes llenos”. Esa frase es suya, de cuando todavía podía sentarse a dar una entrevista sin que su salud declinara un segundo.

No era un enfermo terminal de libro. Eso lo sabía. Y por eso anticipó el juicio: “Me niego a que nadie me juzgue, a menos de vivir seis meses en el cuerpo de un enfermo de encefalomielitis miálgica en estado grave, para entender lo que es el horror absoluto”

Todo comenzó el 17 de julio de 2023

En la Clínica Ambroise Paré, París. Por una hernia inguinal derecha. Le colocan una malla de polipropileno: un “filete de ping-pong”, dijo él después.

“Si hubiera visto lo que me iban a meter en el cuerpo, habría salido corriendo”

Diez días después. Empieza lo que él llamó el calvario: dolores como puñaladas o descargas, náuseas, temblores, sangre en orina y heces, un testículo que se oscurece y pierde volumen, hipotensión, acúfenos, la vista que falla, el apetito que se apaga. En tres meses pierde unos 17 kilos. Va a urgencias una y otra vez. Doce veces en un año, escribió al final. Primera respuesta, según su relato: “Usted no tiene nada”

Entre 2023-2025. Especialistas le dicen que no puede ser el implante. Que es la edad. Que es la cabeza. Abandona el oficio.

Se crea el grupo Víctimas de prótesis de hernias. Miles de personas se unen. Se vuelve el que pregunta en voz alta lo que el quirófano presenta como rutinario.

Abril de 2024. Estados Unidos. Le extraen la malla. Unos 40.000 euros. En Francia, decía, no había quién supiera explantarla como él necesitaba. El dolor local baja un poco. El estado general sigue cayendo. Y cuando la retiran, el mal ya estaba hecho.

Le ponen nombre a lo que queda: encefalomielitis miálgica grave (ME/SFC) en un contexto de síndrome ASIA , reacción inflamatoria desproporcionada a un adyuvante del implante—. Queda la sospecha de una infección del material que nunca se analizó después de sacarlo.

Por qué se volvió incurable, en sus términos y en los de Bélgica: quitar el objeto no apagó el incendio. La ME grave no tiene cura ni un análisis único que la cierre. El esfuerzo mínimo puede empeorar al paciente. Encima, el cuerpo ya no era el mismo: casi 69 kilos con 1,84 metros, una comida al día, inestabilidad del cuello, sin caderas que lo sostengan, 24 horas en cama, sin poder lavarse ni alimentarse solo. Probó renutrición, retomar el esfuerzo, analgésicos. “Lo he intentado todo. Realmente todo”.

En entrevista para la radio en 2025, dijo ya había tocado la puerta de Bélgica “antes de que se volviera insoportable”.

6-8 de enero de 2026. Lo cuenta en prensa. Cita a finales de mes para formalizar la demanda. El 5 de enero pone querella en París contra X por lesiones involuntarias. El 16 de enero, en RTL: “La medicina ya no me propone nada”

El 18 de marzo de 2026. Ingresa a cuidados paliativos en Bélgica. Dos médicos a favor; falta el tercero. Desde la habitación dice que la decisión la tiene “desde al menos seis meses”, desde que dejó de poder lavarse solo.

“Hace un año le tenía miedo a morir. Ahora le tengo más miedo a seguir así” Quiere que lo recuerden primero como actor. Después como quien dio la alerta. «Peor que morir sería morir para nada».

31 de agosto de 2026. El parquet archiva la querella: infracción “insuficientemente caracterizada”. Él escribe que es el último golpe, que lo pisan en la cara.

El 18 de septiembre de 2026. Presenta nueva denuncia, ahora con constitución de parte civil. El abogado Philippe Courtois queda encargado de seguir cuando él ya no esté.

La eutanasia

El 22 de septiembre de 2026, en Namur, Bélgica acompañado por tres médicos. Cercanos al lado, la familia no habló al día siguiente; luego los padres dijeron que continuarían el combate; un medio citó también a la actriz Delphine Depardieu. Primera inyección, como una anestesia. Segunda, letal. Se deja de respirar. “No es un suicidio asistido” había explicado en marzo. “Es el último cuidado de compasión cuando ya no hay esperanza terapéutica”.

Francia, para entonces, ya tenía un marco nuevo de ayuda a morir. Él sostuvo hasta el final que su país lo había decepcionado dos veces: no lo cuidó y no lo dejó partir ahí. Bélgica, escribió, le dio por fin escucha y respeto al dolor.

Lo que publicó el último día en Facebook:

«He terminado con el maltrato médico.»

“Ya he contado ampliamente mi historia. Tres años interminables de deterioro del estado general desde una cirugía de hernia en 2023”.

Enumeró, en su vocabulario: ASIA, dolores incapacitantes, gastroparesia, lo que llamó mutilación sexual y vascular, malabsorción, colapso digestivo y muscular, encefalomielitis miálgica, abandono y negación en Francia.

“Fui doce veces a urgencias en un año. Empezaron por decirme: usted no tiene nada”.

“La gente cree, con ingenuidad, que para mejorar basta con ir al hospital. Por desgracia no es así. Yo también lo creía”.

Arnaud denunció la violencia de un sistema médico que aplasta al enfermo cuando no entra en las casillas.

Clínicas que no entregan la referencia del implante. La ANSM, acusada de ligereza con las alertas. «No hay justicia para las víctimas de las consecuencias iatrogénicas de la medicina en Francia».

A los enfermos de ME: “Hay emergencia sanitaria. Millones, dijo, incluidos jóvenes y niños encamados en la oscuridad. Estudios de calidad de vida que la colocan entre las peores condiciones crónicas. Suicidio alto “porque no hay cura, no hay acompañamiento, no hay escucha”. A los médicos que no creen en una enfermedad reconocida por la OMS desde 1969: vergüenza.

Al final una frase demoledora:

“Aguanté, a toda costa, durante tres años de sufrimientos atroces. Ahora rindo las armas. Es mi derecho. Al menos en Bélgica”.

La eutanasia, una liberación, después de sufrimientos degradantes. Agradeció al trato belga. Cierre a los suyos:

“A todos mis hermanos y hermanas de combate. Y a todos los que se subieron al tren de mi vida… y a quienes abrazo con toda el alma”.

Segundo post: la fuga de Midnight Express. El preso que por fin cruza. “Love to all”.

Lo que queda cuando se apaga el feed

Nadie en Bélgica, que se sepa, se opuso al acto. Tres médicos lo validaron. La familia acompañó. Lo que se le cerró fue la vía penal francesa, no la petición belga. Del anuncio público (enero 2026) al acto pasaron unos ocho meses; si se cuenta el primer contacto que él situó hacia 2025, más de un año y medio. Él eligió la fecha según el dolor.

Hay que decirlo claro, porque si no el texto se vuelve panfleto: el nexo legal exacto entre la malla y toda la enfermedad sistémica no está sentenciado. Hay reportes de reacciones tipo ASIA y de “enfermedad por implante”; en unos pacientes explantar ayuda y en otros no. Denis y parte de su equipo médico lo atribuyeron al implante. El parquet no vio delito bastante caracterizado. Bélgica vio una enfermedad grave, incurable, y un sufrimiento que ya no se apagaba.

Él no pidió que lo convirtieran en mártir de la eutanasia. Pidió que no lo llamaran loco. Pidió que las prótesis de hernia dejen de presentarse como un trámite inofensivo. Pidió que la encefalomielitis miálgica deje de tratarse como si el enfermo inventara el infierno.

La última función no tuvo aplauso. Tuvo un post, una película de fuga y un cuerpo que, en palabras de su abogado, ya no lo sostenía.

El telón, esta vez, lo bajó él.

Cristina A Vargas V.

Radio host con mas de 20 años de experiencia en radiodifusoras, conductora y creadora de contenido digital. Escritora creativa por el Claustro de Sor Juana Inés de la Cruz de Ciudad de México.

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