Las maldiciones a presidentes de Estados Unidos, Trump cayó en 2
Una de las maldiciones es deportiva y lleva su nombre
Por: Cristina Vargas V.
1. La maldición de Trump (deportiva)
Cuando aparece o respalda a un equipo, este suele perder. Se ha visto en la NFL, NBA, Mundial y otros eventos.
2. La maldición del segundo mandato
El partido del presidente casi siempre pierde escaños en las elecciones intermedias. Es la que más se le está cumpliendo ahora.
3. La maldición de Tecumseh
Presidentes electos en años divisibles entre 20 mueren en el cargo. No aplica directamente a Trump (electo en 2016 y 2024), pero el mito sigue vigente y él lo alimenta con la idea de un tercer mandato.
4. La maldición del tercer/cuarto mandato
La 22.ª Enmienda impide ser electo más de dos veces. Trump bromea con “Trump 2028”, pero constitucionalmente es imposible.
Donald Trump no hizo la excepción, en medio de aranceles, guerra y acusaciones cumple el requisito de una de las más comunes maldiciones que se profetan en Estados Unidos.
La maldición del segundo mandato no perdona a nadie. Desde hace más de noventa años, el partido del presidente en funciones pierde escaños en las elecciones intermedias.
Clinton podría haber sido la única excepción real en 1998, y aún así pagó con un juicio político y su relación con Mónica Lewinsky que lo afectó de manera contundente aplastado por los medios.
Obama perdió la Cámara en 2010. Bush padre y Bush hijo sufrieron derrotas severas al igual que Reagan Trump llega a las urnas con aprobación histórica en el piso y un país exhausto de inflación, aranceles y conflictos abiertos además de la guerra contra Irán.
Con la Cámara de representantes demócratas, no será un accidente: será la maldición cumplida con su nombre encima.
La Maldición de Donald Trump
La maldición que lleva su propio nombre es más reciente. Cada vez que Donald Trump aparece en un estadio o respalda públicamente a un equipo, el local suele caer. En noviembre de 2025 los Commanders recibieron una paliza en casa frente a los Lions. En junio de este año los Knicks perdieron el único partido de su racha de playoffs el mismo día que él estuvo en el Madison Square Garden.
En el Mundial de 2026, después de que interviniera para revertir una tarjeta roja llamando a Infantino, Estados Unidos fue eliminado por Bélgica. En el Super Bowl y en el campeonato universitario de fútbol americano el patrón se repitió. No es magia. Es el efecto de un hombre que convierte cada aparición en ruido, polarización y mala suerte ajena. Los aficionados ya lo notan y algunos llevan amuletos a los estadios.
La maldición de Tecumseh, la más antigua, no lo alcanza de forma directa. Está solo aplica a los presidentes electos en años divisibles entre veinte. Trump ganó en 2016 y en 2024. Aun así, el mito sigue vivo y él lo alimenta con su propia insistencia en un tercer o cuarto mandato que la Constitución prohíbe.
Trump se puso una gorra “Trump 2028” en burla, como si la regla no existiera. La vigésima segunda enmienda nació precisamente para que nadie repitiera lo de Franklin D. Roosevelt, que murió en su cuarto periodo. Trump juega con la idea porque le gusta la imagen de rey eterno. La realidad legal es que no puede.
A todo esto se suma el maltrato constante a la prensa. Durante años ha llamado “enemigos del pueblo” a periodistas, ha ridiculizado reporteras en vivo, ha amenazado con quitar credenciales y ha convertido cada pregunta incómoda en un ataque personal. Quien controla el relato controla la percepción, y él lo ha intentado hasta el cansancio.
Pero lejos de cualquier maldición legendaria o histórica, prevalece la del pueblo: Con promesas de campaña más repetidas: poner fin a las guerras. No terminó las que encontró ni evitó nuevas. Los aranceles que prometió como arma de negociación se convirtieron en impuesto permanente sobre la industria y sobre el consumidor. La mentira descontrolada se volvió rutina: cifras infladas, derrotas convertidas en victorias, hechos inventados en tiempo real. Y la crueldad más visible recayó sobre quienes no tienen armas para defenderse. Los migrantes. Familias enteras separadas, redadas masivas, deportaciones ejecutadas con la misma frialdad con la que se habla de “invasión” llamándolos “aliens” No hay negociación posible con quien ya está en desventaja absoluta. Eso no es fortaleza. Es abuso de poder.
Mientras tanto, la familia Trump se enriqueció de forma abrupta. Fondos millonarios de Arabia Saudita y Catar para Jared Kushner, mineras de bitcoin y vehículos de inversión en bolsa para Donald Trump Jr., participaciones y negocios que explotan el nombre del presidente. De deudas a miles de millones en pocos años, con el poder como palanca directa. A él le hubiera gustado un segundo mandato de dominio total: mayorías amplias, una economía que recordara a Clinton, una familia blindada y una América que le rindiera cuentas solo a él. Lo que está pasando es lo contrario. Las intermedias se convierten en referéndum sobre su persona. Sus propios candidatos en Texas y otros estados clave sienten el peso de su presencia. Y ni siquiera la colusión abierta con el hombre más rico del mundo, cientos de millones de dólares de Elon Musk en publicidad, mítines y campañas, logra mover la aguja a su favor. El dinero y el poder concentrado ya no le son suficientes.
Aún faltan dos años a finalizar el 20 de enero de 2029, como respuesta a las elecciones midterm de noviembre donde el partido demócrata se ha impuesto, su respuesta fue abrumadora y amenazante se ha autodenominado Mr. Veto, lo que significa que buscará una línea de resistencia que probablemente lo deje tras las cuerdas.
