Fue perturbador: testigos, periodistas y el gobernador sobre la fallida ejecución de Christa Pike
Por: Cristina Vargas V.
El 30 de septiembre de 2026, Tennessee intentó ejecutar a Christa Gail Pike en la prisión Riverbend, en Nashville.
Christa Iba a ser la primera mujer ejecutada en ese estado en más de doscientos años. No murió. Siete periodistas estaban en la sala de testigos. Lo que describieron no fue una ejecución fallida en silencio. Fue una hora larga en la que ella siguió despierta, habló, se quejó del brazo y roncó mientras el protocolo se quedaba sin pasos.
La cortina se levantó cerca de las 7:27 de la noche. Pike ya estaba amarrada a la camilla, con una vía en el brazo. En sus últimas palabras dijo que estaba en paz, que estaba lista para ser libre y que era un día feliz. Había rechazado la última cena. También había pedido un equipo femenino, por su historial de abuso sexual. El estado se lo concedió.
Minutos después el procedimiento se salió de lo previsto. Según Tori Gessner, de WKRN, Pike dijo que el brazo se le sentía a punto de reventar y preguntó:
– ¿Es normal que mi brazo se e sienta así?.
Otro testigo, el periodista Puckett, la oyó decir que un punto le latía mucho. Vio una lágrima en el ojo derecho. Colegas que ya habían cubierto ejecuciones se miraron y dijeron que eso no era normal: no debería estar hablando. Debería estar muriendo. No lo estaba.
Cerca de las 7:46 cerraron la cortina, el gesto que suele marcar el fin de la primera dosis. La reabrieron unos tres minutos después. Pike roncaba con la boca abierta. El labio le temblaba. En un momento sonó como si se ahogara. A las 7:54 soltó un gruñido, levantó la cabeza y volvió a roncar. Antes de las 7:56 el cuerpo se le levantó de la camilla, cabeza y piernas, casi en forma de V. A las 8:01 suspiró. A las 8:05 el cuerpo se le flexionó mientras buscaba aire, y cerraron la cortina por última vez.
Detrás de la tela siguieron oyéndola. Gessner dijo que el ronquido se volvió un chillido y otra vez ronquido. Los periodistas pidieron que abrieran la cortina. No obtuvieron respuesta. A las 8:53 cortaron el micrófono y el alcaide les ordenó salir. Catherine Sweeney, de WPLN, que había cubierto las ejecuciones del año anterior y casi todas las de 2026, lo resumió así:
– Nada de eso fue normal. Gessner dijo lo mismo: nada de ese día fue típico.
John North, de WBIR, salió del edificio pensando que probablemente seguía viva.
La madre de Colleen Slemmer, May Martinez, también estaba ahí. Dijo que no obtuvo justicia para su hija. Que la vio despierta, moviendo la cabeza y los pies, intentando incorporarse. Que la primera dosis no funcionó, que la segunda tampoco, y que Pike estaba en el hospital, viva.
El estado administró dos dosis de pentobarbital, el barbitúrico que el protocolo usa como única droga. La segunda es el respaldo. No hay instrucción para una tercera. El Departamento de Corrección dijo que siguió cada paso del protocolo aprobado y que el fármaco había sido eficaz en otras ocasiones. Los abogados de Pike hablaron de agonía innecesaria, venas reventadas, pentobarbital degradado y falta de atención médica de emergencia. La llevaron en ambulancia. Al día siguiente seguía en estado crítico.
El gobernador Bill Lee también agregó:
– Es profundamente perturbador. Dijo que, hasta donde sabía, el personal había seguido el protocolo, y que el estado necesitaba saber por qué el resultado fue distinto. Ordenó una revisión externa de terceros y frenó la ejecución que quedaba en 2026, la de Gary Wayne Sutton, prevista para el 3 de diciembre.
Robin Maher, del Death Penalty Information Center, lo describió como algo sin precedente en la era moderna: la primera persona de la que se tiene registro que siguió viva después de recibir las dosis letales, no un caso en el que simplemente no lograron poner la vía.
La inyección letal
El pentobarbital, bien puesto en la vena, deprime el cerebro y la respiración hasta la muerte. Que dos dosis no la mataran apunta, según médicos y abogados, a que el fármaco se fue al tejido del brazo y no a la sangre, o a que el lote estaba degradado. Los grandes laboratorios prohíben venderlo para ejecuciones. Los estados lo consiguen en farmacias de compuestos o en el mercado gris, y Tennessee no revela al proveedor. Esa es la otra investigación que queda abierta: no solo qué pasó en la camilla, sino de dónde salió la droga que no cumplió lo que el protocolo prometía.
Christa Gail Pike tenía 18 años cuando, el 12 de enero torturó y mató a Colleen Slemmer en Knoxville presuntamente por celos. El homicidio fue horrendo, ya que le golpeó la cabeza con un bloque de cemento hasta destrozarle el cráneo mientras su novio Tadaryl Shipp le cortó el cuello con un cutter y le marcó un pentagrama en el pecho mientras Colleen Slemmer aún respiraba, con ellos, Shadolla Peterson observaba.
Christa Pike fue la mujer más joven del corredor de la muerte en Estados Unidos en la era moderna.
Iba a ser la primera mujer ejecutada en Tennessee en más de doscientos años, desde la horca de Eve Martin en 1820. Pero algo falló.
Especialistas la describen como la primera persona de la era moderna de la que se tiene registro que sobrevivió después de que le administraran las drogas de la inyección letal.
