Cristina Vargas - Noticias Actualizadas

Lo que Tennessee tiene que reparar, y por qué no usó la silla eléctrica con Christa Pike

La pena de muerte fallida

Por: Cristina Vargas V.

El caso de Christa Pike la mujer que asesinó a sangre fría a una compañera cuando estas tenían 18 y 19 respectivamente ha dado un giro inexplicable. Simplemente la pena de muerte no se ha consumado. El pentobarbital en su segunda dosis era el respaldo como también la silla eléctrica que años atrás la propia sentenciada había elegido.

El 1o. de septiembre de 2026 se dio a conocer el estado crítico en el que se encuentra Christa, está intubada y esto le generará altos costos al estado y por supuesto la defensa reclama por los derechos de la recluta.

La fiscalía y el Departamento de Corrección de Tennessee tienen que reparar el método, no solo explicar una noche mala. El 30 de septiembre de 2026 el estado siguió, según dijo, cada paso de su protocolo y aun así Christa Pike sobrevivió a dos dosis de pentobarbital. El protocolo no prevé qué hacer después de la segunda dosis. El equipo pasó por varias agujas. Ella habló, se quejó del brazo y siguió roncando. La llevaron al hospital en estado crítico. El gobernador Bill Lee llamó al episodio profundamente perturbador, encargó una revisión de terceros y suspendió las ejecuciones que quedaban en 2026, entre ellas la de Gary Wayne Sutton.

El respaldo legal existe. Desde 1913 Tennessee usa la silla eléctrica, la vieja Old Sparky, y la ley la conserva si la inyección se declara inconstitucional o si no hay fármacos. Quien cometió el crimen antes del 1 de enero de 1999 puede elegirla. El de Pike fue en 1995, así que ella entraba en ese grupo. En 2001 y 2002 pidió la electrocución y que se cancelaran sus apelaciones, contra el consejo de sus abogados.

Un panel de apelaciones lo frenó en 2002. En 2014 el estado volvió a dejar la silla como plan B precisamente porque los medicamentos escaseaban. No se usó el 30 de septiembre porque el protocolo autorizado era la inyección, la orden de esa noche era de pentobarbital y la ley no permite saltar a la silla a mitad del procedimiento solo porque la droga falló. Después de una hora de agonía, usarla al día siguiente habría sido, además, políticamente insostenible. El gobernador ya había parado el calendario.

El origen del fármaco es el otro error que hay que reparar. Los laboratorios que fabrican pentobarbital inyectable prohíben venderlo para ejecuciones.

Uso clandestino del gobierno de un fármaco letal.

Tennessee, como otros estados, se abastece en secreto: farmacias de compuestos o mercado gris, con la identidad del proveedor blindada por ley. Los defensores de Pike advirtieron venas difíciles, producto degradado y falta de atención médica de emergencia. Una revisión previa ya había señalado fármacos sin pruebas suficientes. Si la investigación confirma un lote vencido o mal hecho, no basta con cambiar de jeringa: hay que rehacer el protocolo entero. Eso no se resuelve en semanas. Christa tendrá que esperar así, como está.

Un error más de Estados Unidos

Si lo es, es sádico pero otros países no arrastran este fallo porque no compran la misma medicina ni fingen que es un procedimiento clínico.

La pena de muerte es un recurso cruel y arcaico. China produce sus propios fármacos y aplica la pena de muerte sobre todo con un disparo en la nuca; la inyección letal es secundaria. Durante años se documentó el uso de órganos de ejecutados para trasplantes; Pekín dice que lo prohibió en 2015, pero organizaciones independientes siguen denunciando la práctica. Irán ejecuta en la horca, a veces en público. Arabia Saudita decapita. Corea del Norte mantiene ejecuciones públicas y métodos que organismos de derechos humanos describen como espectáculo de castigo. En ese mapa, la inyección estadounidense se vendió como la opción limpia. El caso de Pike muestra que limpia no significa segura, ni humana, ni siquiera eficaz.

Organismos internacionales como la ONU o Amnistía Internacional consideran que la pena de muerte viola el derecho penal moderno y el derecho a la vida. Es además un castigo inhumano cuando los países avanzados deberían optar por métodos más justos y eficaces no solo para los sentenciados sino por las personas que desean un castigo real y prolongado y no recurrir al ancestral “ojo por ojo o ley del talión”

Cristina A Vargas V.

Radio host con mas de 20 años de experiencia en radiodifusoras, conductora y creadora de contenido digital. Escritora creativa por el Claustro de Sor Juana Inés de la Cruz de Ciudad de México.

Deja un comentario